Lecturas recientes han abierto mi entendimiento a cerca de la existencia de diferencias entre los conceptos de baile y danza. Sin duda estos dos conceptos, a día de hoy, suelen pasar por uno solo. Claro que nadie dice: “mañana voy a danzar un reggaetón en la disco del pueblo”, sería más correcto decir: “mañana voy a bailar un reggaetón en la disco del pueblo”, pero si os soy sincera,… ni siquiera llego a estar segura de que aplicar el termino bailar a lo que sea que pueda llamarse al reggaetón sea correcto.
Pero este sería otro tema sobre el que iniciar una buena discusión musicológica, ¿no creéis?
En fin, volviendo al tema que nos ocupa, os diré, que sea cual sea la imagen actual que cada uno pueda tener de los conceptos de danza y baile, en realidad, a lo largo de la historia fueron consideradas disciplinas distintas.
Según las fuentes, al menos desde finales del siglo XV y/o principios del XVI, danzar y bailar no era lo mismo. Resumiremos las definiciones de estos conceptos. La danza era considerada como una actividad artística en la que los movimientos corporales se regían por una serie de pautas o preceptos debidamente codificados.
Por tanto, era una actividad que requería de un serio aprendizaje previo por lo que solía ser considerada como un arte propio de las clases sociales de mayor rango. Mientras que en el baile, estos movimientos corporales no se codificaban dando lugar a diversidad de movimientos que no eran capaces de conseguir una unidad artística. El baile solía ser propio de clases populares que ejercitaban sus cuerpos mas como una diversión que como una actividad artística, ya que no tenían la posibilidad de una formación en la misma. Poco a poco y con el transcurrir de los tiempos algunos bailes también fueron codificados por el pueblo dando lugar a coreografías específicas de los mismos. Una de las mayores diferencias entre un baile y una danza es que en los bailes se utilizaban tanto los miembros inferiores como los superiores mientras que en las danzas solo se empleaban los inferiores.
Retomemos la pregunta, ¿es el fandango una danza o un baile? Según lo explicado en el párrafo anterior, la respuesta inmediata de mayor comprensión en la actualidad sería la de: un baile, sobre todo por el carácter popular del género. Pero no nos engañemos, lo cierto es que en su origen, está documentado que el fandango era una danza, una danza cortesana.
El fandango se define como un baile ejecutado por un grupo de parejas. A nivel lirico, su texto se compone de una serie de versos octosílabos y musicalmente se compone en un compas ternario cuya armonía oscila sobre un bajo ostinato, acompañado en todo momento por las castañuelas.
Sobre el origen del fandango circulan varias teorías:
- Teoría nº1: Según esta teoría el fandango habría llegado desde las colonias de las Indias (Sudamérica). El Diccionario de Autoridades de 1735 define el fandango como el ‘baile introducido por los que han estado en los reinos de Indias, que se hace al son de un tañido muy alegre y festivo’, hecho que debió ocurrir a finales del siglo XVII.
- Teoría nº2: Su procedencia seria afro-americana y también habría llegado a la península a fines del siglo XVII. Para su defensa se recurre al uso de la desinencia ‘ngo’, la cual se cree de origen africano.
- Teoría nº 3: Esta teoría apunta a un origen durante la romanización y su afiliación a las danzas de las puellae gaditanae. Esto estaría avalado por diversas menciones al respecto de escritores romanos como Horacio o Plauto, quienes hablaban de un baile conocido como cordax y el cual podría ser el antecedente del fandango. Incluso Juvenal, hace una mención al chasqueo de las castañuelas.
De todas ellas, yo me quedaría sin duda con la tercera, no descartando una continuación de la segunda. Me explico: el fandango pudo ser perfectamente una danza de la Hispania romanizada tal como apuntan los autores mencionados. Con la llegada de la Edad Media y la prohibición de todo lo pagano, este tipo de actividades debían quedar fuera de la sociedad, conservándose solo en aquella clases sociales capaces de hacerlas pasar desapercibidas. Ocurrió de igual modo con otros ejemplos de actividades artísticas. Con la llegada del humanismo y la vuelta a la valoración de los géneros clásicos, el fandango pudo ser o bien rescatado o bien reinventado, y llevado a la corte como un nuevo divertimento cortesano.
Lo cierto es que entendidos del tema como Antonina Rodrigo o Carrión Martín, insisten en que el fandango se habría ido desarrollado durante el siglo XVII dentro de los ambientes cortesanos, siendo bailado por caballeros y damas de la alta sociedad y convirtiéndose en uno de los géneros cortesanos más representativos de la llamada danza ibérica.
Aunque se sabe que a mediados del siglo XVII algunos bailes populares fueron codificados por el mundo del teatro, no se tiene constancia de que este fuese el caso del fandango. Más bien continuaría siendo el baile favorito de la sociedad española hasta bien entrado el siglo XVIII. Prueba de ello son algunos tratados de danza cortesana como el de Pablo Minguet (Breve tratado de los passos del danzar a la española, 1764) que habla específicamente de cómo ha de ejecutarse la danza del fandango, entre otras.
Además, el fandango también era un elemento recurrente para la composición de obras instrumentales de carácter culto de ambiente cortesano. Un ejemplo de ello es el uso que el compositor Antonio Soler hacia del mismo tanto como un numero completo (Fandango para clavecín), como parte integrante de sus sonatas. También Luigi Boccherini nos da una muestra de ello con su Quinteto de cuerda con guitarra llamado Del Fandango. De todo esto extraemos que el fandango cortesano era un género de baile que no contemplaba letra.
No sería pues, hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XVIII cuando el fandango comenzase a estar presente en el teatro lírico español, dentro de zarzuelas y tonadillas, aun como reflejo de la sociedad cortesana. De hecho este dato quedaría plasmado en obras de autores extranjeros que se harían eco de él.
En este momento tenemos que hacer mención a una anécdota muy interesante que nos aporta Antonina Rodrigo (Figuras y estampas del Madrid goyesco, 1987), cuando nos habla del testimonio del famoso Casanova al llegar a Madrid, quien parece quedó tan prendado al ver danzar un fandango en un baile de mascaras, que se afanó en aprenderlo en solo tres días.
¿Interesante porque?, precisamente porque el personaje de Casanova fue posteriormente descrito una y otra vez en la historia no solo de la lirica española, sino también en la extranjera y esta descripción siempre aparece ligada a la ejecución de un fandango. Acordémonos por ejemplo del fandango que Gluck utiliza en su ópera Don Juan en 1761 y del aria Non Più andrai de Le Nozze de Fígaro (W. A. Mozart, 1786), cuando dice:
Non più andrai, farfallone amoroso,
….
…
Alla gloria militar!
Y aun después, otro ejemplo es el Fandango que Saverio Mercadante utiliza en la Sinfonía Española dentro de su opera I due Fígaro en 1826. Del mismo modo que un extranjero pudo quedar maravillado por la sinuosidad del fandango, aun más ocurría con los españoles que asistiendo al teatro contemplaban esta maravilla de la danza ibérica.
Así, será durante la segunda mitad del siglo XVIII cuando se produzca el descenso social del fandango, comenzando a formar parte del repertorio de las clases populares. A partir de entonces, su ejecución en los altos ambientes comenzó a considerarse inadecuado y el fandango quedo únicamente en el saber popular, dejando en estos momentos de ser considerado como una danza, convirtiéndose en un baile.
A fines de siglo ya se encuentran alusiones a la existencia del fandango popular que por supuesto se vería modificado en algunos aspectos como la inclusión de la letra y la modificación armónica propia de la música popular española en la primera mitad del siglo XIX. A partir de entonces el fandango se extiende a través de tres variantes estéticas distintas, unas con mayor proyección social que otra:
- El teatro lírico español, continuador de la estética de tonadilla escénica y que en el siglo XIX y XX se proyecta a través de la zarzuela. Uno de los ejemplo es el Fandango que ya hemos mencionado de Mercadante o el que Amadeo Vives introduce en su zarzuela Doña Francisquita.
- El fandango popular. Aquel que continúa fiel a la estética heredada del teatro dieciochesco y que pervive dentro de lo que hoy conocemos como bailes populares o folclóricos y que son interpretados por grupos de coros y danzas regionales. Este baile popular tiene variantes en cada una de las localidades en que se ejecuta, sin encontrar casi ningún tipo de codificación generalizada.
- El fandango flamenco, que como sabemos es una evolución del fandango popular de rasgos andaluces que se convierte en uno de los llamados palos flamencos.
- El uso del fandango como fuente popular en compositores del nacionalismo español como J. Rodrigo (Tres Piezas Españolas para guitarra clásica), J. Turina (Fandanguillo),I. Albéniz (Málaga, Suite Iberia, E. Granados (Fandango del candil y Serenata del espectro, Goyescas), M. de Falla (Danza de la molinera, El sombrero de tres picos) y un largo etcétera.
Además, la extensión del fandango hacia el exterior puede percatarse en la existencia de variantes del fandango en Portugal y algunos países de Centroamérica.
Excelente investigación del fandango en sus diferentes acepciones. Enhorabuena!! Yo me quedo con la de danza elegante de ambiente cortesano que no contempla letra.
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